15 de septiembre de 2011

Máscara de J


Venecia es una ciudad amenazada por el sortilegio de las aguas; quizás algún día se la trague el mar como a una piedra y todos nosotros (los que verdaderamente la hemos comprendido) bajemos a recorrerla conteniendo el aire en los pulmones. (el cuaderno rescatado de William Turner)


En el mes de abril, durante las primeras fases de la luna, el Gran Maestre del circo de los Visionarios, barajaba con sus cartas distintos símbolos, asignándole a cada artista una encomienda, un destino a seguir. A algunos les tocó el sol, y se fueron rumbo al desierto. A otros les tocó el fuego, y sin demora, se internaron en los fríos bosques nórdicos, sirviéndose de lobos como montura. A una mujer se le entregó un oasis, y sin despedirse de la caravana, siguió sola y durante muchos años las aguas del Nilo. El último integrante del grupo se le otorgó una carta con la letra “V”. Tendré que generar un nuevo teatro de “visionarios”, pensó en el preciso momento en que guardaba la carta bajo su manga . Y en una noche sin luna, portando una mascara de jade decorada con lapislázulis , se fue rumbo a Venecia.

Lentitud

Ciego caminó por las calles, figurándose que una compañera lo llevaba tomado del brazo, y que con lentas palabras lo arrastraba en un oleaje suave y plañidero. Los autos eran pequeñas fragatas que eclipsaban bajo el mar por influjo de la luna. Los peatones, bravos marineros llenos de sal y polvo marino en sus estrellas. Las mujeres, camaradas lejanas con amuletos en forma de sirena. El asfalto, una larga barca hecha de delfines y fieras ballenas acorazadas. Tanto se figuró el hombre aquellas cosas, que sin darse cuenta, una férrea y dulce mano comenzó a conducirlo despacio, entre la selva urbana, hacia una cueva submarina.

Una mariposa planeando




Las mariposas aleteaban fuera de tu boca, surcando y rozando las esferas de tus labios; las manos se deshacían imitando la forma del viento y del fuego que gritaba. Amarillo, naranja, rojo, eran los colores de las llamas que fraguaban la infinita noche que nunca moriría. ¡Alza ese cuchillo y abre un agujero en tu estomago! Gritó una forma vestida de nube: "Enrosca tus vísceras como la brisa y deja que el viento flamee en tu mejilla".

Soy el señor del verso, el artista de la nada, el fracaso absoluto rondando el sol ante la certeza de la vida y de la muerte. Ahora que el río trae mas río y las piedras ya no suenan, esconde tu mano bajo el agua -chapotea- saca un pez con forma de pulmón, y ahora sí, respira.

Dos creadores

Francis Roseway Fontberry, especialista en culturas orientales, visitó en un apartado lugar de la ciudad al maestro Tzu Beth. La entrevista comenzó con una breve ceremonia de iniciación, que incluía comida, infusiones de hierba y mucha risa. Luego le pidió el maestro que emitiera sonidos guturales e ininteligibles, para que de esta forma, pudiera vaciar su conciencia. Francis, un poco consternado, emitió algo avergonzado unos ruidos tímidos y casi inaudibles. El maestro se subió arriba de la mesa y pegándose en el pecho como un simio, comenzó a gritar e imitar a un chimpancé. Francis, preso de la risa, se desvaneció en medio de la nada junto con la casa y el maestro.
Más tarde se supo que Francis y el maestro Tzu eran una invención de Pablo Rumel. Pero Rumel también había sido inventado por este par -que se decía de manera oculta- eran en realidad dos animados artistas del mundo flotante.

Paciencia

Se miraba al espejo y un crisol completo le envolvían sus cabellos. Su estomago, no sabía si herido por alguna dolencia del pasado o del futuro, la mantenía postrada en cama, cumpliendo cabalmente lo que su comunidad sufí le pedía: mantenerse en silencio y trabajar durante las fases completas de la luna. Ella, sin advertirlo, comenzó a germinar flores a medida que caminaba lentamente, notando que la intensidad de los dolores a su estómago descendían cada vez más en sus palpitaciones y dolores. Con sus cabellos claros, caminando en medio de los cerezos, descubrió al mirar en un estanque florido, que el espejo había dejado de reflejarse en el agua. Ya no podía mirarse. A partir de ahora sólo habitaría cíclicamente al interior de un relato. Sintió que por fin había dado en el cauce. Esa misma noche desapareció y nadie supo más de ella. Ni siquiera el autor de este breve relato.

La flor pánica

Anoche venía caminando,
y sin darme cuenta entré a un fundo
bien viejo
lleno de fantasmas
(decían que ahí habitaban).

Unos perros comenzaron a ladrarme
y fueron dibujando en la ceniza un puñal
donde se tatuaba el nombre del difunto.
Se reía, detrás de mí, recortando cada paso;
mi sombra entró en cadencia;
los pasos magullaron y tosieron
como cadenas llenas de grilletes
que restellaban a cada cedazo
dado por las uvas macilentas.
De las sombras manaban sombras
y a ellas me fui dando
hasta opacarme
en un vendaval de abluciones
que limpiaban mis hombros, mis talones.

-Soy el que no está
el que sigue morando entre las parras
el que obedece el dictado del finado- dijo la figura.

Agarré la hoja escrita y la quemé;
atrás el fantasma se deshizo
constreñido
muerto en la letra muerta.

Respiré.

Algo

Tomas un crucero de placer en dirección a la Nada. Ahí adentro, con los bolsillos y la panza inflada, puedes mirar con regocijo las lustrosas habitaciones y la cuchillería colgando lujosa, al compás de las olas que mecen como una cuna milenaria al gran armatoste en el que viajas . Puedes ver claramente el espejo de tu mirada que se refleja en los pilares de cristal, que sostienen casi de manera orquestal el gran armazón de acero. Ahí está, la fabulosa colección de huesos achicharrados que se pasean en elegantes vestidos y camisas, y finalmente el estadillo, borrando y tatuando zonas oscuras en tu cara. Ya con eso, podrás leer el reverso de estas letras, y quemar uno a uno el nombre de tus enemigos, esos que acechan dentro del Crucero, con miradas torvas y caballeras espesas, simbolizando quizás qué rictus carnavalesco, qué sanguinarios sentimientos con jeta de vampiro.

Sueño líquido

Para Astrid A. León.


Nadie se había percatado que ella formaba trazos y figuras en el agua. Lentamente, con su pequeño lápiz labial rojo, comenzó a dibujar unas formas aladas que le recordaban los canarios de su vecina. A medida que transcurría el día las figuras acuáticas se iban estilizando, lo cual le confería a la piscina donde se encontraba, un vaho rojizo, chapoteante, hipnótico. Convencida de que nadie la vería, se desvistió y sumergiendo sus pequeños bracitos en el agua, dibujó a un niño. El lápiz labial se deshizo, pero se dijo en medio de su ingenua soledad, de que nunca, nunca jamás, volvería a estar sola de nuevo.
En el agua el niño le sonreía.

9 de septiembre de 2011

Flor cósmica cristalizada


Oh perfección de la sonrisa
rosa geométrica del ansia,
espejo donde la nada baila bajo el brillo
nada de la nada
polvo acompañado de polvo
Ohm"

Oh perfección simétrica de la risa
paredes blanqueadas en una lis
Raídas paredes blanqueadas
azul sobre azul, lava sobre lava

Perfección del alma
del espíritu
forja hecha pedazos en un color

Color más allá arriba de la luz
Más arriba, más arriba, más arriba
Fulgor que todo lo come, perfección afilada
del cuchillo
el cuchillo entrando en la carne
una y otra vez
la mueca mutilada
flor perfecta de la sangre

Oh perfección augusta y simétrica del vacío
cárceles pendiendo de árboles
simetría oscura de la sonrisa de la perfección
Nada con nada.
Nada en la nada.
Nada bajo el brillo de la nada.

7 de septiembre de 2011

El mundo se acabará pronto y aún no eres capaz de ingresar al registro

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Iba a surgir una causa. Primero la causa, luego el efecto, en matrices divinas. Hay un color. No puedo describirlo. La iglesia primera tuvo que ser moldeada a imagen y semejanza de una forma original. La cruz, las dimensiones de su nave, la rúbrica impresa en su sello. La Iglesia reunía a la gente para transmutarle una nueva velocidad, Ahí adentro el tiempo y el espacio se fundían en un sólo self colectivo. Los sacerdotes se encargaban de generar un campo energético, los moldes, las barreras, como partituras chinas, para sincronizar la energía. En términos más simples, lo que ahí se hacía era un envío de energía a un ser indescriptible.

¿Qué es el registro?

Una flor inexistente, un espacio sin tiempo, una nave espacial sin tripulantes y a la deriva, un castillo medieval proyectado holográficamente sobre un océano de lava. Un transmisor de datos sin destinatarios específicos, la tenue vibración de la música de las esferas, un truco de magia que no posee mecanismos ocultos (un truco sin truco), el sueño de Kublai Kahn soñado antes de que existiera Kublai Kahn, millones de cartas sin destinatarios.

¿Qué es el ser?

Un acto de violencia.