19 de diciembre de 2014

La ventana de Lida Gramm



A veces
la ruptura del deslizamiento
naufraga
en las olas del mañana.

Las gaviotas se han hecho cerillas
y los labios
no llegan a patinar la melodía.

A veces es mejor escapar, dicen tus gafas cuadradas de gato
la nariz recortada violentamente contra la siesta
silueta de sofá abandonado en medio de la calle
-dices, y la nariz salta en el sillón hecho sombras.

Ya -te digo, Lida Gramm-, mi pecho no se electrifica como antes;
anida seres y enanos que como palomas
se transforman en halcones de cristal

-Sus sombras proyectan conejos fantasmales-.

La estática de tus pies
anidan esos sueños.
Aspiro, como los gigantes
a vivir para siempre
bajo esa sombra

soñar.

13 de noviembre de 2014


Para A.M


En las páginas de los libros se nos va la vida, o la vida se nos va en ellas, porque ahí se cocinan los ingredientes que nos prepararán para el futuro y que amablemente nos explican el pasado. O quizás nos ayuden a sortear las interminables colas de los bancos, las filas largas y abominables que existen sólo para rascarnos al oído, para gritarnos que ahí es el momento para detenerse y avanzar hacia adelante, atrás, o mejor aún, hacia los lados.

Los libros son mapas, brújulas para los navegantes extraviados, testamentos legados a la nada. Existen sinónimos: la Odisea. La invención de la soledad. La escritura es el cuerpo. Ygradssil. El texto es la realidad. El universo existe para llegar a un libro. Narraciones extravagantes. Campanas que se doblan. Leer por placer. El erotismo de las páginas rasgadas. Los pies de la mujer. Interestellar. El puro olvido. El diario de la peste negra. Moby Dick. Don Quijote de la mancha. Hamlet. La estrella del porno que se perdió en Rimbaud. El ciudadano de Maoriland. La mano del escultor. La emergencia extraterrestre. La república de Chilenia. El curioso impertinente. El taller del escritor. Poeta chilena dispara. El lenguaje es un virus. El hombre que corre y va. La mujer que espera. Los tabaquería de Pessoa. Los fantasmas de Mishima. El último suspiro.

Los libros son los videojuegos por excelencia. Y siguen en el anaquel acumulando polvo, y nosotros existimos para llegar a ellos. A ellos le debemos todo. Ellos a nosotros, nada.

21 de agosto de 2014

EL NIÑO DEFORME QUE QUERÍA DEFORMAR AL MUNDO

(Inicio de la inédita novela Hamelin)

I



Vivía al lado del Gran Cordón Industrial junto a mi madre, en el barrio de Casavieja. No teniendo trabajo, dependía de ella, quien a su vez dependía de los bonos sociales entregados por La Compañía, y La Compañía a su vez dependía de todos nosotros, cerrando el ciclo con una precisión mecánica y voraz, con su asquerosa estructura lógica. 

Había cumplido la mayoría de edad hace tiempo y me consideraba un perfecto inútil. Un pedazo de mierda destinado a la extinción. Por lo demás, tenía una serie de malformaciones genéticas, lo que me confería un aspecto horrible y lamentable, aunque podía caminar y mover mis brazos con normalidad. No tenía novia ni amigos, y mis únicas entretenciones eran los videojuegos retro de colección, los libros de ciencia y las fotografías de perros históricos. 

Un día, estando en mis labores, vi de repente una pelusa en el bolsillo de mi chaqueta. Estiré mi mano para limpiarla, palpando sin querer una pequeña rugosidad que sobresalía del bolsillo. Busqué en el interior y descubrí un pequeño folletín rosa con letras oscuras,  decía: 

“Se necesita recaudador de información para viajes. No importa edad ni apariencia física. Buen sueldo. Agencias de Viajes B.L.A.S.T. Contactarse al número que figura en el dorso”. 

¿Recaudador? Me pareció raro, pues nunca había escuchado que existiese ese trabajo, o mejor dicho, ese tipo de trabajador, y menos aún que no se preocupasen del aspecto físico, sobre todo en estos tiempos, cuando todo el mundo invertía grandes sumas de dinero en mejorar su apariencia por medio de cirugías y aceites colágenos y productos similares, para lucir una belleza resplandecientemente bella y artificial. Lo triste es que yo ni con mil cirugías tendría remedio, pues mi deformidad era degenerativa, naciendo en las extremidades y ramificándose siempre en un continuo azar, como en una semiveloz canción de un future jazz sincopado.

Eso sí, no era un monstruo del todo; en honor a la verdad mi apariencia semihumana asustaba, un poco, y eso me daba igual, porque el aspecto que tenía era un rasgo genético propio, y no me había pasado de la noche a la mañana, sino que mutaba de manera progresiva. Lo que no sabía, era que mi mutación no sólo era física, sino que también psíquica: afectaría a mi mente, y luego al entorno y quizás al universo entero. Pero eso lo sabría después, mucho más adelante.

Por ese tiempo rondaba constantemente en mí la idea de suicidarme, pero ¿quién no ha coqueteado con eso alguna vez? Aún recuerdo esos días, en los cuales no paraba de imaginar mis posibles muertes, auto-eliminándome de mil maneras, a pesar de que nunca concreté nada, quizás por miedo o a lo mejor porque muy en el fondo albergaba alguna esperanza de renacer, de encontrar la dicha divina. Pero tenía que hacer algo más práctico, porque el suicidio era una molestia demasiado compleja. En vez de matarme, buscaría trabajo, sí que sí señor.

Tomé el panfleto rosa, y marcando el número que salía en el aviso, me presenté y solicité la entrevista de trabajo. Pasaron unos cinco segundos, silenciosos, expectantes. La voz llegó desde el otro lado, imperturbable, casi mecánica, de mujer: 

—Muy bien, ya tiene su hora tomada, pero antes, una pregunta.
—Espero que no sea difícil, señorita —le contesté.
—Para nada joven, es sencilla: ¿a cuántos mundos ha viajado? 

Perdido en una confusa marea de recuerdos, colgué de golpe, temblando. Reconozco que la pregunta me anduvo descolocando, pues yo no conocía ni siquiera mi país, apenas mi prefectura, a duras penas mi barrio. Realmente, había salido sólo una vez de la ciudad, de niño, cuando me llevaron al Centro Especial de Rehabilitación para Niños Deformes Doctor Jorge Araya. Fue la única vez que hice un viaje en mi vida, si descontamos ir a comprar el pan, o pagar la luz, o el agua, a pocas cuadras de mi casa, en el latón periférico donde un viejo pelado cubierto de chatarra oxidada, y conectado por cables en su nuca a una terminal electrónica, recibía los pagos de todas las deudas que se puedan pagar. 

Me cuesta confesar que sentí vergüenza ante mi nula capacidad de tránsito espacial. La publicidad, la historia, la moda, nos dice que todo ser humano debe formarse recorriendo el mundo, conociendo las culturas, las costumbres, la gente, las formas, las vestimentas, los brebajes, las comidas… y yo, que tan sólo había salido de la ciudad de niño, sentía una vergüenza sin límites, una vergüenza mayestática y brutal pues no era un hombre de mundo, y me dolía no serlo, por mucho que un sabio chino dijera que El-Hombre-No-Necesita-Viajar -Para-Conocer- Sabiduría-del-Universo, pues le bastaba con su corazón y sus cuatro paredes para palpar de cerca a la Totalidad. Algo así decía este puto chino de mierda, que de seguro era un cretino, un montón de baba mojada, un ignorante de primera categoría avalado por la academia. 

¿Cómo podía enfrentarme así a la sociedad? ¿Con qué armas? Feo, desfigurado, ignorante del mundo. Mi vida era como una novela de aprendizaje, pero mala por partida doble; mal escrita, sin viajes, ni esfuerzos, ni descubrimientos. Tenía que viajar, salir, recorrer, oxigenarme, rendir, conocer, pero cómo, si no tenía ni el dinero ni las ganas... fue inevitable que la tristeza me embargara, tanto, que permanecí una semana acostado en cama, sin levantarme ni siquiera para ir al baño, haciendo mis necesidades en una bacinica electrónica y mirando todo el día a un pájaro pardo que tejía y destejía su nido.

—Hola gorrioncito, cómo va tu vida. ¿Vale la pena ser tan pequeñito y tener alas para volar y recorrer el mundo? —pero el ave no me escuchaba, tan sólo picoteaba y agitaba sus alas, para emprender vuelo y volver a la mañana siguiente. El gorrioncito sin nombre volaría y yo seguiría postrado en mi silencio, esperando aturdido el colapso del universo o el arribo del invierno, aquella estación en que todo transcurría en cámara lenta, y las bufandas y los gorros y los abrigos y las botas de agua y las calzas y los mitones volvían a nacer, como una esperanza renovadora de que la vida cambiaría, de que todo sería mejor, y que por fin hallaría mi lugar en el mundo.

20 de agosto de 2014

Como un paisaje desvanecido I



Existen ciertos paisajes que parecieran invitarnos a la reflexión, a la reposición de recuerdos primarios con amalgamas de colores, distorsiones sutiles que se entrecruzan con el viento y el aullido de las bestias. Al mirarnos en el paisaje, podemos extraviarnos en esos cálidos colores que atraviesan las cortezas y las raíces de los árboles, con la palpitante realidad de que probablemente no vivimos solamente una sola vida, la de carne y hueso, sino también vidas ajenas, ensoñaciones que son canciones, o trozos de películas viejas, o fotografías gastadas o pinturas deformes y corroídas por el arrollador paso del tiempo. El apresurado diagnóstico corroborado por el médico de cabecera, es decirnos en su insulsa orden, con letra apresurada, abigarrada y apretada, anunciarnos que somos cadáveres, presos de las imágenes, de la irradiación continua del mal, tristes remanentes de pesadillas soñadas por animales torturados, atrapados en trampas mecánicas de acero.

4 de abril de 2014

La mecánica del gesto

Para K.H

La noche arriba te habla, aún con la luna descolgada
y bajo la lluvia avanzas entre naipes y barajas;
golpes de azar, te calas el sombrero y fumas del cigarro de la vida
podría estar Jack esperándote
bajo el balcón de un bar de marineros abrazados,
encolerizados, partidos por el agua.

Bajo la lluvia avanzas.
En casa nadie te espera.

Los faroles se columpian con la brisa
ves a los perros silenciosos fornicar
estás parado, detenido, pero el camino avanza silencioso;
detrás de ese pesado muro gris
yace ella
una princesa dormida esperando a su príncipe azul que la despierte
nunca sabrás de ella
nunca la verás
aún cuando las estrellas descolgadas fulguren brillantes
como pétalos de acero desperdigados en el cielo;
balas nocturnas que atraviesan la inmensidad del infinito
balas que te sonríen,
y tú sin saber.

La princesa despertó.
Ven a ver cómo emergen los sombreros voladores
el cielo no se ve.

26 de marzo de 2014

Indagaciones en torno a la Misteriosa Muerte de Virgilio Leonardo Ruilova

Palabras leídas durante el lanzamiento de La Muerte de Virgilio, de Sergio Alejandro Amira.


1. La última vez que Virgilio Leonardo Ruilova fue visto con vida, según diversos testigos, fue el 19 de octubre del presente año, alrededor de las 17:35 de la tarde, vagando en las inmediaciones de una vieja casona ubicada en Plaza de la Victoria, en Valparaíso. Recabando diversa información, pudimos enterarnos que Virgilio habría participado en el cumpleaños de Carolina Lehman, conocida en el medio literario chileno por haber escrito la novela Psique, y ser además fundadora de la Sociedad Lovecraft de Valparaíso.

2. Virgilio Leonardo Ruilova, nacido el 6 de marzo de 1982, tuvo desde temprana edad interés por temas de corte esotéricos, inclinándose hacia el gnosticismo, la cábala, la teosofía, el hinduismo, el sufismo, el budismo zen, la francmasonería, la simbología, la astrología, la numerología, el mesmerizmo, la criptozoología, la alquimia, la filosofía hermética, y en el fondo, cualquier sistema de pensamientos, creencias y equivalencias simbólicas, que intenten demostrarnos que existe una realidad oculta, una Verdad Fundamental, que estaría en nosotros de forma latente, y que de alguna manera habría que desarrollar y descubrir por rectas de vías de comportamiento y pensamiento.

3. Lo cierto, es que no pudimos confirmar que la mentada Sociedad de Lovecraft de Valparaíso exista, al menos de forma regular, con una sede ubicada en la Plaza de la Victoria, y que su fundadora sea Carolina Lehman. Ni siquiera pudimos comprobar un Documento Nacional de Identidad que coincida con su nombre, ni menos una residencia fija. Sospechamos que Carolina Lehman es un alter ego, una máscara, un heterónimo, un pseudónimo literario, una contraseña, un colectivo de artistas itinerantes, todo, menos una persona real, de carne y hueso.

4. Durante la adolescencia de Virgilio, sabemos que fue integrante de una secta denominada como Escuela Samaeliana Gnóstica, fundada por el mexicano de origen colombiano Victor Gómez Rodriguez, alias Samael Aun Weor, quien dijo de sí mismo “Yo, AUN WEOR, recibí a mi resplandeciente Dragón de Sabiduría, llamado SAMAEL, LOGOS DEL PLANETA MARTE. YO SOY EL CRISTO COSMICO DE ACUARIO. YO SOY EL INICIADOR DE LA NUEVA ERA. YO SOY SAMAEL, EL GENIO PLANETARIO DE MARTE". Tras leer estas líneas, podríamos decir que Victor Gómez Rodriguez, alias Samael Aun Weor, podía ser de todo, menos humilde. Poco antes de su muerte, acaecida el 24 de diciembre de 1977, Victor Gómez realizó una multitudinaria conferencia, donde tuvo como invitado de honor a Mario Moreno Cantinflas, acaso como una forma de lograr mayor popularidad de su movimiento, que tras su muerte se expandió por todo el mundo.

5. ¿Habrá sido La Escuela Samaeliana Gnóstica el germen en el cual se incubó la muerte de Virgilio? Extrañas prácticas, extrañas lecturas, no hacen más que atraer extraños personajes y extrañas situaciones, lo que nos lleva a aseverar, sin pecar de misticismo, que la realidad encadena realidades, atrayendo como un imán a sus complementos y eliminando la divergencia. Es lo que llamamos destino o suerte. El laberíntico Borges decía en Poema de los Dones, “Algo que ciertamente no se nombra con la palabra azar, rige estas cosas”.

6. El punto anterior nos lleva a presumir que Virgilio fue víctima de una secta de locos, que movidos por una férrea estructura de creencias, llevó a que consideraran a Virgilio como un peligro, un traidor, el enemigo. Virgilio fue encontrado muerto con una flecha clavada en el corazón, al interior de una casona abandonada, como si hubiese sido asesinado de forma ritual. El occiso fue encontrado con una flecha que lo impactó de forma frontal. La flecha es de fibra de carbono, marca Perfect Line, modelo D 030, con un diámetro de 7,5 milímetros y una longitud de 72 centímetros, con cuerpo camuflado y plumas rojas con amarillo. Nuestros exámenes periciales indican que tuvo que haber sido disparada a quemarropa, por un tirador por lo menos aficionado a la caza, pues la precisión en la tensión y en la puntería, sin mencionar que la flecha atravesó de cabo a cabo el corazón de Virgilio, sindican a alguien con experiencia y manejo en este tipo de armas. 

7. El nombre escogido por Víctor Gómez, alias Samael, principal ideólogo durante la adolescencia de Virgilio, encierra una paradoja, o mejor dicho, una ambigüedad. Según diversas tradiciones religiosas, particularmente la cábala y el cristianismo, el nombre de Samael se vincula a dos entidades contrapuestas. Por un lado, se trata de una potestad creadora, que construye el universo según el plan de Dios, siendo un arcángel, un elohim o atributo de la Divinidad. Pero a la vez, el mismo nombre Samael, ha sido designado a uno de los diez archidiablos, que se contraponen a los arcángeles, siendo Samael el octavo Demonio de la confusión.

8. El famoso ufólogo y contactado peruano Sixto Paz, en una conferencia a puertas cerradas en algún punto muerto de Valparaíso, dijo que la Escuela Samaeliana Gnóstica, serían en realidad agentes Alfa Draconianos encubiertos. Según conocedores del tema, ésta sería una raza reptiloide, una de las más antiguas de la Galaxia, que correspondería a seres escamosos de 4 a 6 metros de altura, similares a los tiranosaurios rex, que tendrían una visión utilitarista de la vida, reduciéndolo todo a términos económicos y moneda de intercambio, y que desde hace más de 5 décadas estarían camuflados, o mejor dicho, metamorfoseados en humanos, controlando las elites mundiales, sumiendo a la raza humana a una pronta subyugación total, que desencadenará en un sistema esclavista materialista planetario, de lo cual, ni el Buda Cósmico ni los pleyadianos ni La Confedereación Galáctica de la Luz, podrán salvarnos de este gran infierno mecánico que se avecina.

9. Ante esta sarta de imbecilidades, podríamos decir que Sixto Paz está loco o dice la verdad. O quizás buscar una tercera vía, que sería comprender estas palabras como una gran metáfora del poder y sus engranajes, revelando que tras todos estos discursos de ciencia ficción paranoica, una verdad engorrosa se esconde en la oscuridad, reptando para salir algún día a la luz.

10. Por estos días, me he enterado que el Comisario Sergio Alejandro Amira, junto al Inspector Emiliano Navarrete, han estado realizando una investigación más acabada del caso. Esperemos que sus diligencias nos ayuden a esclarecer quién o quiénes mataron a Virgilio Leonardo Ruilova, y por qué lo mataron.