29 de marzo de 2008

Inmaculada Concepción


Ahora han vuelto a caer en mis manos sus ojos como platos. Sus ojos vendados por sus manos de porcelana:

Le priemer fué a été un poéte, on a vu un oiseau s`echapper de su blessure. (L`aéroplane blanc de reige) V. Huidobro.

El sol me está pegando en el lado derecho de la cara, medio ciego, de tanto ver la luz con sus terribles focos en mi cara. Y por ahí debe andar esta señorita, encabalgada a su Mandarina, con su cámara pegada en los pechos, batiendo sus bracitos en alguna plaza pública.

"Estamos destinados a que el aire esparza la tierra/ que la tierra aterra, no encontrar el aire y quedarse con las raíces/ a las letras que no tienes/ y al alma que no tienes/y al alma que ella (que se disfraza de mí), no posee."

(Cecilia Rojas.)

Termina su paseo, con una lágrima surcándole como caracol por su mejilla. La saludo, desde lejos, tras la sombra. En la penumbra.

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Good bye, my dear Cecilia.