15 de septiembre de 2011

Sueño líquido

Para Astrid A. León.


Nadie se había percatado que ella formaba trazos y figuras en el agua. Lentamente, con su pequeño lápiz labial rojo, comenzó a dibujar unas formas aladas que le recordaban los canarios de su vecina. A medida que transcurría el día las figuras acuáticas se iban estilizando, lo cual le confería a la piscina donde se encontraba, un vaho rojizo, chapoteante, hipnótico. Convencida de que nadie la vería, se desvistió y sumergiendo sus pequeños bracitos en el agua, dibujó a un niño. El lápiz labial se deshizo, pero se dijo en medio de su ingenua soledad, de que nunca, nunca jamás, volvería a estar sola de nuevo.
En el agua el niño le sonreía.

9 de septiembre de 2011

Flor cósmica cristalizada


Oh perfección de la sonrisa
rosa geométrica del ansia,
espejo donde la nada baila bajo el brillo
nada de la nada
polvo acompañado de polvo
Ohm"

Oh perfección simétrica de la risa
paredes blanqueadas en una lis
Raídas paredes blanqueadas
azul sobre azul, lava sobre lava

Perfección del alma
del espíritu
forja hecha pedazos en un color

Color más allá arriba de la luz
Más arriba, más arriba, más arriba
Fulgor que todo lo come, perfección afilada
del cuchillo
el cuchillo entrando en la carne
una y otra vez
la mueca mutilada
flor perfecta de la sangre

Oh perfección augusta y simétrica del vacío
cárceles pendiendo de árboles
simetría oscura de la sonrisa de la perfección
Nada con nada.
Nada en la nada.
Nada bajo el brillo de la nada.

7 de septiembre de 2011

El mundo se acabará pronto y aún no eres capaz de ingresar al registro

01010010001001010101010000111111111001010101010000000000100001000000000



Iba a surgir una causa. Primero la causa, luego el efecto, en matrices divinas. Hay un color. No puedo describirlo. La iglesia primera tuvo que ser moldeada a imagen y semejanza de una forma original. La cruz, las dimensiones de su nave, la rúbrica impresa en su sello. La Iglesia reunía a la gente para transmutarle una nueva velocidad, Ahí adentro el tiempo y el espacio se fundían en un sólo self colectivo. Los sacerdotes se encargaban de generar un campo energético, los moldes, las barreras, como partituras chinas, para sincronizar la energía. En términos más simples, lo que ahí se hacía era un envío de energía a un ser indescriptible.

¿Qué es el registro?

Una flor inexistente, un espacio sin tiempo, una nave espacial sin tripulantes y a la deriva, un castillo medieval proyectado holográficamente sobre un océano de lava. Un transmisor de datos sin destinatarios específicos, la tenue vibración de la música de las esferas, un truco de magia que no posee mecanismos ocultos (un truco sin truco), el sueño de Kublai Kahn soñado antes de que existiera Kublai Kahn, millones de cartas sin destinatarios.

¿Qué es el ser?

Un acto de violencia.

29 de julio de 2011

Grasth


Su brazo carcomido marcaba la distancia
de cada estrella fulgurante explosionando
allá detrás del hilo invisible y refulgente
 -una máscara enorme y sonriente-
  expelía el sudor que necesitaba
La Máquina
             para crear y recrear.


Vi a los malditos golems y faunos
                                de la poesía chilena
siendo troquelados como muñecos en dos patas
guardados en cajas para cementerios
enterrados en los subterráneos del lugar común
-la fosa común-
¡queremos existir! Decían las calaveras
& yo les apuntaba con mi revólver y les devolvía
los ojos hacia dentro,
cuencas florecientes
pétalos de sangre,
árboles en zig-zag.

Al tercer día amanecí recostado sobre mis doscientas, trescientas, setecientas mil novelas inconclusas
mis gafas empañadas          el mundo no se podía ver
brillaban otros,
bailaban en círculo junto a sus tubos de oxígeno
sus manos destrozadas por balazos
 sus canciones para ancianas amnésicas y frenéticas
la literatura chilena totalmente judaizada
maternalista
materialista
sabrosa en las divisas suculentas para aquellos gordos catastróficos
y maricones anémicos
& yo
soportando el cadáver viviente de mis novelas que crecía y crecían
y se agolpaban en editoriales clandestinas
viendo como se alejaba de la realidad aquella nave
fea y mugrosa
nada esplendorosa
de muñecos troquelados
por el infierno mecánico
de las letras chilenas.

2 de junio de 2011

Monos de mar, 2

 
El niño Helmut fue puesto por la misma inteligencia militar, la cual llevaba mucho tiempo supervisando el retiro del Coronel Manuel Salgado, tan valioso como peligroso por las “cosas” que sabía. Al interior de la cúpula militar se estaba al tanto de la trilogía que escribía bajo el pseudónimo de Joseph Barteck, ya publicada sus dos primeras partes por la editorial Totec, la cual no vendía sus libros en ningún comercio establecido, ni por correspondencia ni por ninguna forma convencional. Había que ingresar a un círculo de lectores -bastante hermético y cerrado- y una vez que la membrecía de la persona era incuestionable, recién ahí se le permitía acceder a unas pocas obras del catálogo. No era un asunto de dinero, era de honor. La editorial Totec fue investigada arduamente por la inteligencia militar, y de no haber sido por los estrechos lazos que mantenía Salgado con ésta, jamás se habrían molestado en estudiarla. El niño Helmut fue asignado a Salgado como era la costumbre en la institución castrense, ya que todos los militares con altos grados y en retiro, tenían opcionalmente para su disposición, un criado para los servicios domésticos. Estos jóvenes eran sacados de instituciones mentales o de hogares para niños huérfanos, e incluso en ciertas ocasiones, traídos desde el extranjero de manera clandestina. Pero el caso del niño Helmut fue una infiltración desde otro tiempo y espacio, una maquinación desde otro mundo, diseñada por la Mente Artificial al servicio de intereses que irán siendo develados.

8 de mayo de 2011

Monos de mar

Manuel Salgado era un anciano que vivía en la zona periférica de un desgajado balneario venido a menos. Había sido militar durante su juventud - ingeniero en telecomunicaciones- y ahora en su vejez llevaba una vida calma y segura junto al mar. La pequeña villa en la que vivía era un conjunto habitacional de varias cabañas sencillas, arrendadas a precios irrisorios a militares en retiro, donde pasaba sus días el anciano junto a su criado, Helmut, un joven autista con una cara que demostraba a kilómetros su imbecilidad congénita. El anciano pensaba escribir sus memorias, pero antes, anhelaba finalizar su trilogía de ciencia ficción pulp Los Reyes del mar, publicada bajo pseudónimo y que se trataba de una saga épica que transcurría en las profundidades de Marte, donde era posible encontrar civilizaciones de ultratumba enterradas en cavernas oxigenadas, rebosantes de mares de cobre y plutonio.
Su joven criado, el niño Helmut, como lo llamaba cariñosamente don Manuel, no era en la realidad ni joven ni autista, ni ser humano. Tenía alrededor de doscientos años y poseía una inteligencia que superaba la media. Tampoco venía de esta tierra. Era una criatura que pertenecía a la sexta dimensión y que había tomado la forma de un joven idiota en el mundo en que transcurría esta historia.


Recapitulemos.

Manuel Salgado, Coronel en retiro, antes de jubilarse diseñó las bases de lo que sería la actual realidad virtual, tan utilizada para fines ociosos, como los videojuegos o las películas interactivas, pero que sus fines militares eran mucho más severos. Él fue un teórico para que se generase la gran red que haría una mixtura de lo virtual con lo real, creando una nueva realidad, el movimiento de la nueva carne. Respecto a Helmut, al falso Helmut, la criatura interplanetaria fue puesta ahí por motivos que irán dilucidándose en el transcurso de esta no-vela, al recorrer sus páginas aún por escribirse. Manuel Salgado tiene ya escrita su biografía, por lo cual sólo resta poner su futuro, lugar en el cual se situará la novela. (son los últimos años de vida de Manuel Salgado, por lo cual su muerte será la que cerrará esta historia). Tenemos entonces; un balneario, un viejo militar en retiro, y el niño Helmut, y los ánimos para proseguir esta novela, que será íntegramente publicada en este mismo sitio.

3 de mayo de 2011

Apertura


Las obras comienzan a salir del letargo. Ya el mercado negro está dando sus primeros pasos en el mercado blanco, el establecido bajo los márgenes de la ley. Pero habría que pensar que todo este alud de obras deben tener un correlato con la realidad, para desdoblarla y generar una nueva. La escena es variopinta, pusilánime y gloriosa, mínima y totalizadora. Los sujetos provienen de distintos estratos sociales, pero parecen compartir una estatura media de 173, que es la estatura promedio de estas tierras. Ahora los avioncitos de papel, tan arduamente fabricados en talleres clandestinos, han comenzado a entrar en un rápido proceso de embalaje y distribuición rápida. Se está comenzando a entender que estamos preparados para la grandes cosas, para formar una escena heteróclita y diversa. El arte comienza a terminar su sueño letárgico de los experimentos, para iniciar su fase de lo probado y testeado, fase no excenta de los consabidos riesgos. Aquel que antes buscaba pergeñar una obra para el aplauso, para los entendidos, ahora se va abriendo con un largo machete por la selva, internándose en los parajes de lo desconocido, sin saber muy bien cuáles son los ojos que contemplarán finalmente a la obra. Estamos en la cuenta regresiva, y todo indica que cuando se escuche la palabra ignition, un gran cordón humano partirá en múltiples direcciones hacia la esperada apuesta local. Se me acusará de optimismo apresurado, pero sólo dibujo una línea entre las coordenadas, marcadas en el territorio hace tantos años atrás.