13 de abril de 2008

Flor de hielo


Darle una nueva mitología a una ciudad sin pasado, fue lo que caviló muy detenidamente el Poeta en medio de la carretera. El bus seguía avanzando a la par de la frenética marcha de autos y carros antibombas. Los peajes no hacían presagiar en nada el dilatado destino del Poeta, que enfilando su memoria por entre las páginas de un libro, observaba de reojo a una pareja que en la oscuridad se metía mano. Más atrás un borracho empinaba inescrupulósamente el codo. El bus seguía avanzando. En medio de una detención policial en la que se apagó todo vestigio de pánico, el Poeta se tatuó con su lapicera el dibujo de una flor.
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Esta es mi flor de hielo, la mayor de todas las anacronías que se yerguen por sobre mi cabeza.
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* Todo esto está referido con mayor precisión en la Novela Ininterrumpida, en donde Manuela Galdós escribe desde el fondo, en el mismo bus en el que viaja el Poeta, y con lentas palabras anhela y anida el vuelo de un pájaro en su corazón: el mismo pájaro que salió de la caja de Pandora: La Esperanza.
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** El Poeta es un doble de Pablo Rumel. La semejanza estriba en que no se parecen en nada, ni siquiera en el físico, o en la manera de escribir, con el autor de este blog.

7 de abril de 2008

La poesía debe ser como un revólver

Sólo es hermoso el pájaro cuando muere destruido por la poesía. (L.M. Panero)

1

La poesía debe ser como un revólver
que destruya a todas las rosas del jardín
y ejecute la orden del gatillo
con una simplicidad envidiable.

2

El poema como bala
zumbando en el aire con su sonido
ininteligible y accionado por la explosión
que va dejando un reguero de pólvora en el suelo
pequeños cadáveres con forma de gelatina
que dicen desde su incómoda postura
¡devuélvenos al poema, devuélvenos al poema!
Nada somos si no somos en la bala
y el poema atraviesa de lado a lado
a los monstruos que se retuercen en la mierda;
yo los miro y veo toda la nieve cayendo en el estanque
pétalos rojos se elevan de la tierra y se multiplican en el cielo
y de esa furia van explotando luces violáceas
porque un poema disparado al aire
supera la onda expansiva y colorida de mil cañonazos
y el olor putrefacto de millones de cadáveres gelatinosos en el cementerio.


3

A cinco letras estoy de completar mi bala
limpio el barrilete y lo hago girar
a pequeñas cachetaditas tiernas.
Sólo me faltan tres
amartillo mi arma
el percutor suena ¡click!
y por un momento diviso una senda de piedras en
medio de un bosque encantado
un hada pasa por mi oreja y me susurra canciones elevadas
que hacen flotar ríos en mi mente
ríos de sangre le digo.
Sólo me faltan dos
contemplo la caída de un dragón herido por la flecha
de la poesía que destruye
sus alas se baten y de sus fauces un olor agusanado
penetra con violencia por mis poros.
Sólo me falta una
Entonces, sin más preámbulos
recorto con mi arma la mitad de mi cabeza que palpita.

29 de marzo de 2008

Inmaculada Concepción


Ahora han vuelto a caer en mis manos sus ojos como platos. Sus ojos vendados por sus manos de porcelana:

Le priemer fué a été un poéte, on a vu un oiseau s`echapper de su blessure. (L`aéroplane blanc de reige) V. Huidobro.

El sol me está pegando en el lado derecho de la cara, medio ciego, de tanto ver la luz con sus terribles focos en mi cara. Y por ahí debe andar esta señorita, encabalgada a su Mandarina, con su cámara pegada en los pechos, batiendo sus bracitos en alguna plaza pública.

"Estamos destinados a que el aire esparza la tierra/ que la tierra aterra, no encontrar el aire y quedarse con las raíces/ a las letras que no tienes/ y al alma que no tienes/y al alma que ella (que se disfraza de mí), no posee."

(Cecilia Rojas.)

Termina su paseo, con una lágrima surcándole como caracol por su mejilla. La saludo, desde lejos, tras la sombra. En la penumbra.

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Good bye, my dear Cecilia.

27 de marzo de 2008

A una amiga

Que dice estar vacía, como si la luz del día no pegara por entre sus cortinas
y las rosas crecieran de forma invertida;
rosas de la tortura
una magia que va rodando bajo el influjo de la luna
se desarrolla en tu estómago como una mariposa de alas caídas.

Dos golpes de dado, un pájaro fulminado cae como cometa
y los astros
congelados por medio del accionar del golpe
van deletreando como dados
tu nombre.

¿Qué oscuridad te acuña?
¿Cuál es esa H muda que no abre tus labios
y te paraliza en el intento de dar el paso?
un beso, una espina clavada va girando
a la velocidad del sonido
por debajo de tus párpados;
duerme
duerme tranquila
duerme y despierta
a la hora en que los cometas caen
y no pueden pronunciar ningún nombre.

Calla
Alumbra tu hálito de rosas
clávate en el sueño
vuelve a la raíz;
respira

Respira en este poema
Respira
Respira
Exhala
Anula.

Respira en el poema, que ya expira.

25 de marzo de 2008

Carta de abuelo a su nieto


Querido nieto:
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A veces los adultos me afirman de los brazos y me dicen, ya es tarde señor Walser, ¿tarde para qué? contesto. Es tarde, tome sus medicamentos y no escriba tanto, porque le hace mal, me responden. Entonces les hago caso, y cuando me acuesto pienso en cómo caerá la nieve mañana; si será una nieve frontal, poco apta para salir a dar un paseo, o simplemente no caerá, y los cúmulos blancos se multiplicarán como semillas por la calzada. Pues eso pasa nieto mío, cuando la nieve deja de fluir, y los Alpes permanecen inquietos, como esperando que algún joven escalador los suba y los señoree en las alturas.
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Ya debes estar en edad para encontrar una mujer, aunque a veces es mejor quedarse solo, pues casi todas las mujeres -con su divertido mundo infantil- no hacen más que reprocharle a uno todos los defectos, y no encontrarnos más que bajezas en el cúmulo de virtudes que uno pudiese llegar a tener. Por un rara inclinación prefieren a los tontos o a los mediocres sin inspiración. Pero eso es algo muy personal, y deben ser tontas divagaciones mías. En mi caso, preferí nunca casarme y disfrutar del paisaje. El paisaje cambia. Pero las mujeres no. Aunque sería harto injusto clasificarlas a todas bajo un solo matiz, pues existen mujeres sumisas y aptas para el trabajo hogareño y otras de carácter fuerte. Yo me inclino nieto mío, por mucho que te extrañe, por las mujeres de carácter fuerte. No importa que no te entiendan, pero de ese no -entendimiento aprenderás mucho, y valorarás doblemente tu independencia.
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Sé como un lobo estepario que aúlla a la luna, y no como un badulaque dominado por las hostiles emociones de una mujer. Es preferible dar un paseo solitario por una calle estrecha y fea, antes que recorrer el mundo con una mujer mala. Como puedes ver, he elegido esta pequeña localidad de Herisau, y como confidentes a los libros, mis amigos por excelencia. Lee a los clásicos. Lee la Ira de Séneca, para que aprendas a controlar tus impulsos juveniles. Crea, antes de procrear, pues dar a luz a un hijo no es un don, es una decisión moral y punto. En cambio crear un libro es un regalo, no para el mundo, seamos realistas, pero sí para una persona solitaria que toma el tren rumbo a Viena.
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Sigue esforzándote en lo que haces, y deja de pensar tanto en mujeres, que de haber, habrá, y una sola te bastará; llegara así, lenta, despacio, y tranquilamente se pondrá a tu lado. Sin escándalos ni mayores aspavientos. Verás cómo acudirá, cuando más mal y solo te sientas.
Cuidate mucho.
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Tu abuelo, que te ama.
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20 de diciembre de 1956, Clínica psiquiátrica de Herisau, Suiza.

18 de marzo de 2008

Flor de loto


Caminando con el señor de las paltas quillotanas, los adoquines sucios que pisabas brillaban en mi mente. Una fuerza ensimismada en una mano, apoyada contra mi pecho centelleando las opacas palabras, sentí de pronto que una pesada máscara se me resquebrajaba y por fin, de manera tan poco solemne, mis ojos se alborotaron y agudizaron más su ceguera.

¿Qué hacíamos encerrados en la habitación de una oscura pensión? ¿Por qué contemplábamos a un imbécil que daba noticias? Me dijiste fuerte y claro: si quieres, puedes llorar en mi regazo... ¿y qué hice yo? Me acomodé como almohada entre tus mejillas y no vertí ninguna lágrima. Corriendo nos despedimos, mientras prefigurabas (veías ya) los latigazos de madame B, la señorita Ego, con toda su oscuridad y fuerza extraordinaria.

Por las arterias de Valparaíso cruzamos las estrechas calles y los concurridos kioskos, que repletos de cifras y letras, sobredimensionaban falsamente el presente. Una escala en la Plaza de la Victoria, los ángeles de las fuentes, las estatuas de los leones, las maquinaciones de paseos que aún no han tenido lugar, la consumición de un completo clónico, el retorno tranquilo y silencioso por la costa, sobre una liebre verde y lenta. Toda la tarde, todo el amancer sin irse, gris y crepuscular, azotaba la buena aventura de mirar el mar. Y saberse acompañado.

15 de marzo de 2008

Un momento....

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El minuto de la suspensión, donde una rosa hecha pedazos gira y se marchita a la velocidad de la luz. De ese movimiento frenético van rozándose notas, que geometrícamente bañan el rocío de los pétalos, como si fuera una ruleta rusa y una despedida cíclica. Son las sombras, la locura, la tremenda alegría de saberse sin tallo ni raíces, flotando borracho como una nube china y advenidiza.
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Cuando tus dos pies se suspenden en el aire y los detalles crecen en las cenizas de la muerte.
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La eternidad de un segundo cristalizándose por siempre, desde siempre, en una música eterna.