14 de mayo de 2019
Si vis amari, ama
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| Love and pain, de Edvard Munch |
Si miraras tan sólo una vez
en la profundidad de mis ojos
verías los abismos y las llagas de los lobos
y también querrías participar de ese infierno blanco
que es la nieve que cubre los puentes negros
construidos por espadas, calaveras
huesos de otros lobos magullados;
pero prefieres mirar al rey cangrejo
y al triste misterio de su cara.
La calavera
ya cuelga de mis brazos
y la nieve que se agolpa en la palma de mi mano
se deshace con un golpe de luz.
Nada para el rey de la nada.
Sólo ojos vaciados de sus cuencas
y un corazón sin forma pisoteado en la sombra.
13 de enero de 2019
Escribir, leer, coger
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| La liseuse. Woman Reading 1922 Félix Vallotton |
Escribir,leer, coger
Como si afuera de tu cuarto
Las llamas del juicio final avisaran
lo inminente
Y los ángeles velaran por ti, o no
Lee,coge y escribe
Como si no hubiera mañana
Como si fuera la primera vez en que
la rasgadura de la pierna o de la página
te invitaran a sentirte Uno solo
con el Universo.
Si vas a leer, o coger, o escribir
Hazlo con maestría
O con la suavidad del practicante
Como si te estuvieran apuntando con una
pistola a la cabeza
O como si tu cuarto estuviese en llamas
Y que leer, coger o escribir
-Todo junto o por separado-
Fuera el único acto de resistencia
La última vela que se apaga
De un Universo edificado en llamas.
1 de enero de 2019
Todo el mundo destruido
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| Fresco showing a garden scene from the House of the Golden Bracelet, Pompeii, mid–1st century |
Al caer, como último vestigio de conciencia, recuerdo que sólo ví contra la luna, la cúpula y mil torres almenadas de los dominios de René. Después me desmayé tal vez. La verdad es que no supe más de mí... (Juan Emar)
Toda esa ternura multidimensional que abrió los escaparates
y las puertas hacia laberintos geométricos y jardines
-Fortificaciones, ciudades, carreteras kilométricas
despedazadas
todas las máscaras y las pulsiones
con sus estaciones del año adentro y sus ejércitos
inviernos de pájaros cayendo petrificados
veranos flamígeros y desnudos
otoños medievales con hojas crepitantes
primaveras con gatos cayendo en cascadas
todas las caras y expresiones que pudiste adoptar
y nada, nada, nada
sólo puentes incendiados
y un pelotón de fusilamiento abriendo fuego
fuego, fuego, fuego, fuego
Brazos y piernas abriéndose melladas acuchilladas
y en el centro tú y detrás de ti nada
un abismo abriéndose hacia las entrañas de la Tierra
y en ese centro soles explotando y lamiendo configuraciones de nieve
porque no venimos del polvo ni de los mares
sino que de la nieve
de la más fría y austral y azulada y cataclísmica
fuimos témpanos de hielo que se caían a pedazos
y nos abrazábamos como podíamos
porque lo que existía aún era muy rudimentario
apenas brotes de vida germinando en islotes
y ya existía este amor despedazado
y aunque nadie pueda entenderlo atravesó los eones
hasta encarnarse en un yo -que siempre es otro-
y cada pestañeo fue tu figura...
... Ven,
ven a bajar hasta acá, hasta la nieve conmigo
y abrázame por última vez, como una madre
que abraza al niño que en medio de la noche
busca entre llantos el cobijo
abrázame por última vez
y hazme en la frente la señal de la cruz
porque dentro de mí se libra una batalla
una guerra infinita con fusilados y caídos
y me están arrasando ciudades, fortificaciones,
pirámides, zigurats, jardines enteros en llamas
ábrazame, quédate esta noche
antes de que todo expire
Difficile est longum subito deponere amorem
le digo a tus ojos avellanados que ya no me miran
porque la nieve se ha fundido en ellos
(y ya ni siquiera estoy yo).
28 de septiembre de 2018
Espada de hielo
La página flota dentro de la espada
El reflejo de esa espada anclada
Me mostraba tu rostro quemado
Marcado por llamas bravas y quemantes
Soledades circundantes.
Quisiera ser
Lengua dura, afilada y sombra
Fría y curtida,
armada en aceros
Sombreada y penetrada por el hielo
Fugaz, umbría, rotunda
Como lanza atraviesa cadáver
Así,
Con esa lanza, lengua, cadáver, sombra de hielo, llave de
llamas
Lamería la herida en tu cara
Horadaría el surco de esa sombra
Sombrearía las llamas que te cercan
Destruiría el reflejo de esa espada.
La página quedaría liberta,
Flotante
Expuesta a los sinos de sombra
El poema desanclado, rutilante,
Sombra.
Mi mano destruida.
Tu cara, por fin,
liberada.
23 de marzo de 2018
Estrella...resplandece!
No habrá más consultas astrales,
de gatos saltarines
que buscan coincidir sus ojos con los ojos de un fantasma que se mece sobre el cielo.
No habrá más libros furtivos,
ni albas aventureras
* destellos *
de invisibles manos levantando oleadas de letras
y espumas colosales de magos
y doncellas de fuego
Sobre barcas con forma de pato.
No habrá más el devenir de una palabra
Paseándose en la línea de los astros
Como las lenguas de hadas esquivas
Que entre sus manos
llevan botones de arena
e hilos de plata para tejer la visión colorida
de nuestras noches y días.
No habrá más lindas mañanas,
Ni presentes, ni futuros
Ni la nada misma
Relegada a un cono de azúcar que flota con sarcasmo
En los mares del olvido.
No habrá más sueños de princesitas y generales y hombres lobo surcando las páginas
de otras doncellas más locuaces
Ni escritores japoneses sosteniendo sus palabras sobre ciudades de bambú
Ni rectores de la cuadratura matemática de la Poesía
Con sus argots afilados como cuchillas
y sus mazos de Tarots
Sólidos
como gruesos castillos de naipes
talados en estalactitas.
No habrá una luna o un crepúsculo
Que pueda ser simplemente reseñado
al igual que la rasgadura de una página
o una nota al pie
Donde reposan los dedos que mecen y tiritan
en la textura de los vientos.
No habrá más juegos de palabras
Que se atrevan a luchar contra la ira
Y la locura y el rencor y la desidia
Que son las pestes que nos sembró
La Desconfianza de la Guadaña Aquietante
Que ni la fuerza de todos los concilios del mundo
detiene en su cizaña.
¿Quiénes
-te pregunto yo-
recibirán esa luz
ese destello
ese fulgor cósmico desvanecido?
30 de diciembre de 2016
Mi experiencia con androides, cyborgs y computadoras monstruosas
De un momento a
otro, todos nos hemos vuelto cyborgs. Recordemos que la palabra cyborg es un
acrónimo en inglés el cual deriva de una contracción de las palabras cyber y organism,
o sea organismos cibernéticos. El concepto es anterior al real advenimiento de
estos entes, idea que nació y se desarrolló con nuestros padres en los lejanos
años 60, para explotar en las redes de la ficción durante los 80,
principalmente en la televisión, el cine y la música, con toda la poética
siniestra que tienen estas criaturas, o mejor dicho creaciones.
Surgen dos
preguntas. O varias. Pero la más urgente de responder es ¿por qué doy inicio a
esta presentación afirmando que todos somos cyborgs? Y también, ¿Qué tiene que
ver esto con la novela que hoy estamos presentando? La segunda pregunta es la
más obvia y rápida de responder. Sin adelantar detalles de la trama, que a mi
juicio es lo menos importante en un libro (tema que no trataremos aquí), la
composición de esta novela que escribí rescata en gran medida el espíritu de la
ciencia-ficción ochentera, esa que digerimos con entusiasmo cuando éramos niños
o adolescentes, y que tuvieron como punta de lanza un buen puñado de películas
como Akira, Robocop o Alien, o novelas
como Neuromancer o ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?,
las que compartían varias características puntuales-además de la presencia de
cyborgs- como estar ambientadas en mundos asfixiantes y dominados por grandes
corporaciones, territorios cerrados que eran asediados fuertemente por la
tecnología, a tal punto que la piel y el metal formaban unidades simbióticas,
llegando incluso a la dificultad de separar la noción de lo humano con la de
no-humano. ¿Dónde empieza la máquina y dónde termina la carne? Parecen
interrogarnos estas creaciones.
Les voy a contar
sobre mi experiencia personal, que puede parecerse a la de muchos de ustedes. Tenía
poco más de seis años cuando vi por primera vez Robocop, película que me marcó a tal nivel, que en los recreos y en
las clases del colegio no podía dejar de dibujar e imitar a este policía
metálico, sintiendo una fascinación al borde de lo enfermizo por este hombre
tieso y duro que no escatimaba en recursos a la hora de liquidar a sus rivales.
Aún recuerdo cuando deslizaron la cinta de VHS en la videograbadora en una
reunión familiar, mis padres me habían advertido que se trataba de un material
violento, no apto para niños, pero ante mis pataletas infantiles, ruegos y
lloriqueos, me sentaron y me dejaron ver la película. Aún recuerdo el comienzo,
con la persecución policial a los delincuentes del film, y la siguiente escena,
que mostraba algo así como una industria abandonada o quizás el cuartel de los
bandidos. El comienzo de la película prefigura el resto de la historia:
industria, criminalidad, estado policial, paranoia. El primer impacto visual
que recibí al visionar la película, de los muchos momentos que se ven en la
cinta, fue la cruel mutilación y humillación que recibía el policía
protagonista, un servicial y simpático personaje llamado Murphy, el que es
destruido en cámara, planos medio y detalle de por medio, sin ninguna clase de
censura y miramientos, mostrando de forma muy gráfica su agonía. Como si su
director, riéndonos en nuestras caras,
nos preguntara: ¿es reversible el estallido de un brazo o de una pierna?
Ahí entendemos que ese hombre agónico, maltratado como a un Cristo crucificado,
será la nueva unidad de combate que servirá al Estado, tras ser fusionado con
un sistema altamente robotizado, para convertirse en el policía del futuro.
Hay otros
recuerdos, otras películas, como el T-800, que en el fondo era una férrea construcción
esquelética de metal enfundada en carne humana, que venía del futuro para
liquidar a Sarah Connor, la madre del líder de la resistencia, John
Connor. Recuerdo también el poderoso
brazo biónico del protagonista del animé Cobra, un mercenario que escondía debajo
de su mano ortopédica su Psicoarma, un cañón láser con el cual barría sin
piedad a sus enemigos.
Otra anotación:
una de las escenas que más shock, miedo y extrañeza me provocó en mi niñez, fue
una que aparece en Superman 3, la clásica con Christopher Reeve, cuando en un
momento una mujer es atraída por una gran computadora, y transformada en pocos
segundos, en un ser compuesto por aleaciones de metal y cables, con unos ojos
aterradores sin vida y unos movimientos espasmódicos que fueron mi gran
pesadilla.
La idea de los
cyborgs no es nueva; tiene su correlato en los antiguos mitos de los seres
mitológicos como el kraken, los sátiros o las hespérides, seres que causaban
miedo y fascinación porque representan de forma profunda al Otro, a lo raro,
erigiéndose así estas figuras como una especie de guardianes que separaban, delimitaban,
los umbrales entre la realidad y la fantasía. Estaban ahí para recordarnos los
límites de la humanidad, que el más allá era una realidad vedada, como una
metáfora de que la verdad estaba oculta, alejada. Más adelante, en la tradición
judía aparece la figura del golem, un ser construido a base de arcilla, que originalmente
fue creado por un rabino para proteger al gueto de Praga de ataques
antisemitas, y luego está la criatura creada por el doctor Frankestein, la cual
se componía de fragmentos de muertos, anticipando la llegada de la cibernética
y la robótica, pero también para remarcar la idea de lo peligroso que es para
los humanos el hecho de jugar a ser dioses.
El cyborg nos
causa estupor, principalmente por el hecho de que es una cosa inanimada que
busca imitar a la humanidad de la forma más real posible. La ficción nos
muestra al cyborg con esa sugestiva “inercia viva” o “vitalidad enchufada”, que
parece destellar en los ojos, como si estuvieran y no estuvieran a la vez,
dando la impresión de que son maniquíes animados por una inteligencia fría. Son
cosas que han devenidos en ser, marionetas que cobran existencia al tener
conciencia de sí mismas. Y no me parece aventurado arriesgar que los cyborgs ya
están entre nosotros, saltando a la realidad de forma tangible, como por
ejemplo cuando viajamos en Metro y vemos a alguien ensimismado en sus procesos
mentales, con el rostro y los ojos idos, como si estuviera en otra parte.
Súmenle si esa persona lleva audífonos conectados a su celular; nuestra
percepción fácilmente es capaz de generar una impresión, nada abstracta, de que
estamos ante un ente animado por energía artificial.
Pero tampoco nos
engañemos: hemos hablamos de los gestos, y los gestos son sólo la superficie de
la actividad humana. Hay que rascar, mirar más abajo. Debajo está eso que no
podemos ver a simple vista, que es la operación de la ideología dominante, con
sus maneras de ser y hacer tipificadas en formato de manual para la correcta
organización e higiene de la sociedad. A diario, ya lo vemos todos, proliferan
y se fortalecen las redes sociales y los medios de comunicación como el Whatsapp
y el Facebook. Cada vez que nos levantamos temprano dejamos sincronizado el
reloj de nuestro móvil, quien nos ayuda a despertarnos, el que también nos
ayuda a orientarnos cuando consultamos mapas vía satélite. Personas que han
perdido extremidades ahora acceden a prótesis robóticas, algunas incluso hechas
en impresoras en 3D cada vez a menor precio, y las diversas fallas oculares ya
pueden ser corregidas por medio de máquinas láser. Si vamos a los extremos,
nuestra dependencia con la máquina, con la tecnología, es absoluta. Dependemos
de los refrigeradores, de la luz eléctrica, ni qué decir de los computadores, todo,
para que la vida como la conocemos pueda existir. O mejor dicho funcionar,
porque estamos en un estadio en que las cosas existen de forma simulada o
artificial, y la frase “la vida existe”, ha dado paso a la siguiente. “la vida
funciona”. ¿Somos o no somos cyborgs entonces?
Novelas clásicas
como “Un Mundo Feliz” o “1984”
internaron prever los alcances de cómo
sería vivir en un mundo totalitario regido por tecnología de punta.
“Neuromante”, llevó el mundo de los hackers al paroxismo de retratar una
sociedad acoplada al ciberespacio, mostrando que la navegación en esta clase de
Internet estaba poblada por ladrones y mercenarios de la información, capaces
de poner en riesgo su sistema nervioso con tal de conseguir sus objetivos,
describiéndose un ambiente cada vez más enrarecido, en el cual las fronteras
del mundo real y virtual amenazan con disolverse.
“Hamellion” no
espera descubrir la pólvora o inventar la rueda. Fue concebida como un tributo
a mi niñez, pero sobre todo a los años ochenta, tiempo en el cual tuve mi
primer contacto con la realidad en una época oscura, pero paradójicamente luminosa,
en la cual se ensayaba de forma sistemática la demolición del pensamiento
políticamente correcto, la autocensura no existía, y en los dibujos animados
que veíamos los héroes fumaban, eran mujeriegos o estaban locos, como el
extraño Inspector Gadjet y su sobrina Sophie, o el evidente militarismo que
ensayaba Rayo de Plata de los Halcones Galácticos, líder de un escuadrón de humanos
biónicos que luchaban contra la mafia de Monstruon en la Galaxia del limbo.
La invitación
queda abierta. En el mundo de Hamellion las corporaciones lo dominan todo, los
cyborgs están ya en todas partes, los animales domésticos han sido reemplazados
por copias robóticas. Y también, en algún recodo del libro, se esconde el
proyecto siniestro de unos hombres que buscan suplantar esta vida por una
realidad virtual perfecta, en la cual todos podamos ser dueños de nosotros
mismos, de nuestros destinos.
Hamellion en Goodreads: https://www.goodreads.com/book/show/33406771-hamellion
Editorial de la novela: http://www.contracorrienteediciones.cl
Para obtener directamente del autor: escriba a agrafotragico@gmail.com
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